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Castilla y León concentra la quinta parte del potencial de producción de biogás de España

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Castilla y León pasa por ser una de las grandes potencias españolas en el sector agroganadero y agroindustrial, la materia prima clave para el despegue del biogás. España tendría capacidad para producir unos 1.700 Ktep de biogás al año, de los que cerca del 17% podrían proceder de Castilla y León, según los expertos del Grupo de investigación Termocal. El biogás producido en España serviría para abastecer el 7% del consumo de gas natural actual. Pero al igual que ocurre en el resto de España, la inversión en este tipo de plantas se ha frenado por los cambios legislativos en materia renovable.

El primer proyecto de biogás que se realizó en Castilla y León tuvo que ser liderado por una empresa pública, Enusa, integrada en la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). La empresa puso en marcha en diciembre de 2011 una planta de biogás de 500 Kw de potencia de generación en la localidad salmantina de Juzbado, cercana a la industria de uranio con la que cuenta desde hace años en dicha localidad.

Con una inversión de tres millones de euros, la planta ha tratado ya en sus más de tres años y medio de actividad miles de toneladas de purín, polvo de cereal, residuos de matadero y lactosuero. Además de generar digestado que puede ser empleado como fertilizante orgánico. Su actividad puede reducir hasta 100.000 toneladas de emisiones de CO2 al año.

El proceso de producción de biogás consiste fundamentalmente en introducir los residuos agroganaderos en un digestor -tanque cerrado- que con una determinada humedad y en ausencia de oxígeno – digestión aneróbica- hace que los residuos se descompongan y produzcan gas metano y fertilizantes orgánicos ricos en nitrógeno, fósforo y potasio.

Como resultado del proceso tenemos, por un lado, el biogás que contiene un alto porcentaje en metano y que puede combustionarse generando energía que se vierte a la red eléctrica, y por otro lado, los residuos con un alto grado de concentración de nutrientes y materia orgánica estabilizada que pueden ser aplicados como abonos agrícolas. Por un lado los abonos sólidos para la sementera y por otro, los líquidos, sobre todo para el maíz.

Foto: Planta de biogás de Enusa en la localidad salmantina de Juzbado

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