calor renovable
El calor concentra casi la mitad del consumo energético europeo y sigue siendo mayoritariamente fósil
Europa avanza en renovables, pero lo hace demasiado enfocado al sistema eléctrico, mientras el mayor bloque de consumo energético, el calor, sigue dependiendo mayoritariamente de los combustibles fósiles. Así lo refleja el informe estadístico Bioenergy Landscape 2025, preparado por Bioenergy Europe, que analiza la evolución del sistema energético europeo con datos oficiales de Eurostat.
En 2023, el reparto del consumo final de energía en la Unión Europea fue del 25,1 % en electricidad, el 29,4 % en transporte y un contundente 45,5 % en calor para calefacción e industria. Es decir, casi la mitad de toda la energía utilizada en Europa se destina a producir calor, un sector donde la transición energética avanza mucho más lentamente que en el eléctrico.
Según el informe, el 74 % del calor sigue procediendo de fuentes fósiles, mientras que solo el 21 % es renovable. Dentro de ese porcentaje renovable, la bioenergía concentra cerca del 80 %, lo que la convierte con diferencia en la principal solución renovable para descarbonizar calefacción y procesos térmicos industriales.
La bioenergía, columna vertebral del sistema renovable europeo
En conjunto, en 2023, la bioenergía aportó el 54 % de toda la energía renovable consumida en la Unión Europea, por delante de la eólica, la hidráulica y la solar. Sin su contribución, el crecimiento de las renovables en las dos últimas décadas habría sido prácticamente la mitad, según recoge el documento estadístico de Bioenergy Europe.
En el ámbito eléctrico, la biomasa representa el 6 % del mix total de generación y cerca del 15 % de toda la electricidad renovable. La mayor parte de esta producción se realiza en plantas de cogeneración, que generan simultáneamente electricidad y calor útil, con rendimientos muy superiores a los de las centrales térmicas convencionales.
En el transporte, donde las renovables siguen teniendo un papel limitado de apenas un 8 % del consumo energético, los biocarburantes suponen más del 80 % de toda la energía renovable utilizada, frente a una electrificación que sigue avanzando lentamente.
Dependencia energética: la biomasa es la excepción
El informe también pone el foco en la seguridad de suministro. La Unión Europea importa actualmente el 98 % del gas y del petróleo que consume, así como el 76 % del carbón. En contraste, solo alrededor del 5 % de la biomasa utilizada es importada, lo que la convierte en una de las pocas fuentes energéticas mayoritariamente locales del sistema europeo.
En digno de destacar que el 1 % de las importaciones energéticas de la UE aporta ya en torno al 11 % de toda la demanda de energía primaria, un dato que refuerza el papel estratégico de la bioenergía en un contexto de inestabilidad geopolítica y volatilidad de precios.
Industria y redes de calor, motores del biocalor
El consumo de calor renovable con bioenergía se reparte principalmente entre el sector residencial (47 %), la industria (27 %) y las redes de calor (18 %). En estas últimas, la biomasa se ha convertido ya en la primera fuente de energía, por delante del gas natural y del carbón, acelerando la descarbonización de sistemas urbanos de calefacción.
En la industria, destaca su uso en sectores intensivos en energía térmica como el del papel, que concentra más del 45 % del biocalor industrial, y el de la madera, donde supera el 60 %. La agroalimentaria, aunque todavía con menor peso, muestra un crecimiento sostenido.
Impacto climático y económico
El uso de bioenergía permite evitar la emisión de en torno a 300 millones de toneladas de CO₂ al año en la Unión Europea, más de la mitad asociadas a aplicaciones térmicas. A ello se suma un fuerte impacto económico: el sector generaba cerca de un millón de empleos en 2019 y podría alcanzar los 1,6 millones en 2050, con una creciente participación de la industria de fabricación de equipos y tecnologías.
Su contribución al PIB europeo se situó en unos 40.000 millones de euros en 2019 y se espera que supere los 70.000 millones a mitad de siglo.
Una transición que no puede olvidar el calor
El mensaje principal del informe se puede resumir en que a pesar de que la electrificación es clave para la descarbonización, Europa no alcanzará sus objetivos climáticos si no aborda de forma decidida el sector térmico, responsable de casi la mitad del consumo energético.
En ese escenario, la bioenergía no debe considerarse como una tecnología de transición, sino como una opción energética ya operativa, capaz de sustituir combustibles fósiles en calefacción, redes de calor e industria, al tiempo que refuerza la seguridad de suministro y la economía local.
