Biomasa

Un invierno más húmedo y con temperaturas normales impulsa la demanda de pellet

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A lo largo de 2025, el precio del pellet para calefacción residencial ha mostrado un comportamiento estable, según los datos del Índice de Precios de la Biomasa de AVEBIOM (IPB), con oscilaciones limitadas entre trimestres y un ligero repunte en el cuarto trimestre.

Esta evolución es coherente con una demanda más activa que en años anteriores, asociada a un invierno más húmedo y con temperaturas más próximas a la normalidad climática tras dos campañas consecutivas especialmente suaves.

Durante 2025, los precios del pellet para uso doméstico se han mantenido en una banda relativamente estrecha en todos los formatos analizados (saco de 15 kg, palet de sacos y graneles). Tras la corrección a la baja registrada en el primer trimestre (heredera de un cierre de campaña 2024 con stocks holgados), los precios evolucionaron al alza de forma gradual a partir del segundo trimestre, sin picos abruptos.

En términos medios anuales, el saco de 15 kg se sitúa en torno a 5,15 €/saco, el palet de sacos en 334 €/t, el granel en volquete en 314 €/t y el granel en cisterna en 335 €/t, valores inferiores a los alcanzados en 2024.

El año 2025 ha sido un año de estabilidad operativa tanto para distribuidores como para instaladores y grandes consumidores, facilitando la planificación de compras y contratos de suministro.

Comparación interanual: 4T 2025 vs. 4T 2024 y 4T 2023
La comparación del cuarto trimestre de 2015 con los mismos periodos de 2024 y 2023 permite observar mejor la normalización:

-Frente al 4T 2023, el 4T 2025 muestra descensos muy significativos, especialmente en los formatos a granel, que en 2023 todavía reflejaban el arrastre de la crisis energética. En términos porcentuales, los precios del granel se sitúan más de un 15% por debajo de los niveles de finales de 2023, mientras que el saco presenta una reducción más moderada, pero igualmente clara.

-En comparación con el 4T 2024, el 4T 2025 registra un ligero repunte en todos los formatos, con subidas trimestrales comprendidas entre el +2,8% y el +4,9%, según presentación. Este incremento no responde a tensiones estructurales de oferta, sino a un ajuste estacional típico del inicio de la campaña de calefacción y a una demanda más alineada con unas condiciones climáticas que esta temporada vuelven a una “normalidad invernal” que no se presentaban en los años anteriores.

Las fábricas de mayor capacidad están reforzando la oferta en todo el territorio, manteniendo disponibilidad de pellet tanto en formatos ensacados como a granel. Además, están priorizando el mercado nacional frente a la exportación por lo que no se perciben problemas de suministro ni se observan tensiones en la oferta, escasez de producto o comportamientos especulativos.

El inicio del invierno 2025-2026 ha estado marcado por una mayor inestabilidad atmosférica que en campañas anteriores, con sucesivos frentes atlánticos, episodios de lluvia, nieve en zonas de montaña y varios temporales de viento. Según los análisis y notas divulgadas por AEMET, enero ha tenido un carácter claramente invernal, aunque sin llegar a registrar olas de frío prolongadas en términos climáticos.

Las previsiones apuntan a un final de invierno con temperaturas en torno a la media o ligeramente superiores, lo que sugiere una demanda térmica sostenida, pero sin episodios extremos compatible con un comportamiento estable de los precios del pellet, con oscilaciones moderadas ligadas a la estacionalidad y sin indicios de repuntes abruptos en lo que resta de campaña.

La evolución de precios observada en 2025 responde, por tanto, a un mayor consumo real tras dos campañas de demanda contenida, y no a restricciones estructurales en la producción o en la distribución.

Consulta y descarga de los Índices de Precios de la Biomasa IPB
https://www.avebiom.org/proyectos/indice-precios-biomasa-al-consumidor

El calor concentra casi la mitad del consumo energético europeo y sigue siendo mayoritariamente fósil

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Europa avanza en renovables, pero lo hace demasiado enfocado al sistema eléctrico, mientras el mayor bloque de consumo energético, el calor, sigue dependiendo mayoritariamente de los combustibles fósiles. Así lo refleja el informe estadístico Bioenergy Landscape 2025, preparado por Bioenergy Europe, que analiza la evolución del sistema energético europeo con datos oficiales de Eurostat.

En 2023, el reparto del consumo final de energía en la Unión Europea fue del 25,1 % en electricidad, el 29,4 % en transporte y un contundente 45,5 % en calor para calefacción e industria. Es decir, casi la mitad de toda la energía utilizada en Europa se destina a producir calor, un sector donde la transición energética avanza mucho más lentamente que en el eléctrico.

Según el informe, el 74 % del calor sigue procediendo de fuentes fósiles, mientras que solo el 21 % es renovable. Dentro de ese porcentaje renovable, la bioenergía concentra cerca del 80 %, lo que la convierte con diferencia en la principal solución renovable para descarbonizar calefacción y procesos térmicos industriales.

La bioenergía, columna vertebral del sistema renovable europeo
En conjunto, en 2023, la bioenergía aportó el 54 % de toda la energía renovable consumida en la Unión Europea, por delante de la eólica, la hidráulica y la solar. Sin su contribución, el crecimiento de las renovables en las dos últimas décadas habría sido prácticamente la mitad, según recoge el documento estadístico de Bioenergy Europe.

En el ámbito eléctrico, la biomasa representa el 6 % del mix total de generación y cerca del 15 % de toda la electricidad renovable. La mayor parte de esta producción se realiza en plantas de cogeneración, que generan simultáneamente electricidad y calor útil, con rendimientos muy superiores a los de las centrales térmicas convencionales.

En el transporte, donde las renovables siguen teniendo un papel limitado de apenas un 8 % del consumo energético, los biocarburantes suponen más del 80 % de toda la energía renovable utilizada, frente a una electrificación que sigue avanzando lentamente.

Dependencia energética: la biomasa es la excepción
El informe también pone el foco en la seguridad de suministro. La Unión Europea importa actualmente el 98 % del gas y del petróleo que consume, así como el 76 % del carbón. En contraste, solo alrededor del 5 % de la biomasa utilizada es importada, lo que la convierte en una de las pocas fuentes energéticas mayoritariamente locales del sistema europeo.

En digno de destacar que el 1 % de las importaciones energéticas de la UE aporta ya en torno al 11 % de toda la demanda de energía primaria, un dato que refuerza el papel estratégico de la bioenergía en un contexto de inestabilidad geopolítica y volatilidad de precios.

Industria y redes de calor, motores del biocalor
El consumo de calor renovable con bioenergía se reparte principalmente entre el sector residencial (47 %), la industria (27 %) y las redes de calor (18 %). En estas últimas, la biomasa se ha convertido ya en la primera fuente de energía, por delante del gas natural y del carbón, acelerando la descarbonización de sistemas urbanos de calefacción.

En la industria, destaca su uso en sectores intensivos en energía térmica como el del papel, que concentra más del 45 % del biocalor industrial, y el de la madera, donde supera el 60 %. La agroalimentaria, aunque todavía con menor peso, muestra un crecimiento sostenido.

Impacto climático y económico
El uso de bioenergía permite evitar la emisión de en torno a 300 millones de toneladas de CO₂ al año en la Unión Europea, más de la mitad asociadas a aplicaciones térmicas. A ello se suma un fuerte impacto económico: el sector generaba cerca de un millón de empleos en 2019 y podría alcanzar los 1,6 millones en 2050, con una creciente participación de la industria de fabricación de equipos y tecnologías.

Su contribución al PIB europeo se situó en unos 40.000 millones de euros en 2019 y se espera que supere los 70.000 millones a mitad de siglo.

Una transición que no puede olvidar el calor
El mensaje principal del informe se puede resumir en que a pesar de que la electrificación es clave para la descarbonización, Europa no alcanzará sus objetivos climáticos si no aborda de forma decidida el sector térmico, responsable de casi la mitad del consumo energético.

En ese escenario, la bioenergía no debe considerarse como una tecnología de transición, sino como una opción energética ya operativa, capaz de sustituir combustibles fósiles en calefacción, redes de calor e industria, al tiempo que refuerza la seguridad de suministro y la economía local.

Salamanca avanza en su red de calor renovable con biomasa forestal

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La Junta de Castilla y León, a través de la Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente (SOMACYL), avanza en el desarrollo de la red de calor sostenible de Salamanca, una infraestructura estratégica de carácter ambiental y energético que permitirá suministrar calefacción y agua caliente sanitaria a cerca de 8.900 viviendas y 75 edificios del sector terciario de la capital.

El proyecto global contempla una inversión total de 35 millones de euros, cofinanciada con fondos FEDER 2021-2027, y está concebido para facilitar a los usuarios una reducción de la factura energética, evitar la inversión en calderas individuales y contribuir de forma significativa a la disminución de las emisiones contaminantes en la ciudad.

Primer paso: redacción del Sector 1
Dentro de los trabajos técnicos necesarios para el diseño de la infraestructura, SOMACYL impulsa la redacción del proyecto constructivo de las conducciones del Sector 1, con un presupuesto base de 198.800 euros más IVA. Este será el primer ámbito de actuación y dará servicio al campus universitario, al complejo hospitalario y a los edificios públicos y privados de su entorno, configurándose como el núcleo inicial de despliegue de la red.

Características de la futura red de calor
La red de calor de Salamanca contará con una central de generación de energía térmica con una potencia de hasta 48 MW, que se ubicará en la avenida Mariano Rodríguez Sánchez. La instalación estará equipada con calderas de biomasa forestal con tecnología de parrilla móvil, complementadas con sistemas avanzados de control de emisiones, como multiciclón y electrofiltros, que garantizan un alto rendimiento energético y el cumplimiento de los estándares medioambientales más exigentes.

El sistema de distribución se articulará mediante una red urbana de aproximadamente 50 kilómetros de conducciones, estructurada en tres sectores que se desarrollarán de forma progresiva en distintas fases.

Impacto energético, ambiental y social
La puesta en marcha de la red permitirá una reducción estimada de 39.000 toneladas de CO₂ al año, incrementará la independencia energética de Castilla y León y favorecerá el aprovechamiento sostenible de la biomasa forestal.

Además, el proyecto tendrá un notable impacto socioeconómico, con la creación de unos 70 empleos durante la fase de construcción, 20 puestos vinculados a la operación y mantenimiento y alrededor de 120 empleos en el medio ruralasociados a la obtención y logística de la biomasa.

Calendario y próximas fases
En paralelo, se encuentra en redacción el proyecto básico de la central de generación renovable, adjudicado por 68.900 euros más IVA, junto con los estudios ambientales necesarios. Las obras de la central y de las conducciones se ejecutarán en fases posteriores, con el objetivo de que la infraestructura entre en servicio en 2028.

Con este proyecto, la Junta de Castilla y León refuerza su apuesta por un modelo energético más limpio, eficiente y sostenible, alineado con los objetivos de transición energética y lucha contra el cambio climático.

La región cuenta actualmente con 19 redes de calor renovables en funcionamiento, que suman 99 MW de potencia instalada, 91 kilómetros de tuberías y una inversión acumulada de 85 millones de euros, suministrando energía térmica a 4.517 viviendas, 147 edificios terciarios y 9 usuarios industriales. Entre los proyectos más destacados figuran las redes de la Universidad de Valladolid, el polígono industrial de Villalonquéjar (Burgos) y Valladolid Oeste.

El MITECO destina 50 millones a las redes de calor y frío alimentadas por energías renovables

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Las solicitudes pueden presentarse hasta el 27 de febrero

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha aprobado, a través del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), la segunda convocatoria de ayudas para redes de calor y frío que utilicen energías renovables, disponible aquí. El Programa, denominado RENORED, destinará 50 millones de euros del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), con fondos NextGenerationEU, con el objetivo de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero en el sector residencial y de infraestructuras públicas.

Entre las actuaciones subvencionables se encuentran las nuevas centrales de generación, las redes de distribución y las ampliaciones de las existentes que cuenten con una potencia mínima de 1 MW. Para acogerse a los incentivos, es requisito indispensable el uso exclusivo de fuentes renovables, como la biomasa, la geotermia o la solar de concentración, entre otras, excluyéndose aquellas que utilicen combustibles fósiles en la red.

Además, será necesario que los equipos cuenten con etiquetado energético y la mejor tecnología disponible, la monitorización energética y medioambiental del sistema y el cumplimiento de los requisitos del Reglamento de instalaciones térmicas en los edificios (RITE) cuando sea de aplicación. Las instalaciones deberán encontrarse finalizadas antes del 30 de junio de 2029.

La convocatoria se ha dividido en dos programas. El programa 1 se destina a beneficiarios que realizan actividad económica y está dotado con 40 millones. Por su parte, el programa 2 va dirigido a sectores sin actividad económica y cuenta con un presupuesto de 10 millones.

La intensidad de las ayudas será del 35% para el programa 1 y del 70% para el programa 2. En el caso de las pequeñas empresas el porcentaje se podrá incrementar un 10% y un 5% en las medianas. Además, si el proyecto se ubica en municipios de reto demográfico y/o transición justa los incentivos se incrementarán otro 5%. Además, se ha establecido un límite máximo de ayuda de 15 millones por proyecto y beneficiario, así como una inversión mínima de 450.000 euros.

Las ayudas a fondo perdido reguladas por esta convocatoria se otorgarán en régimen de concurrencia competitiva entre los expedientes mejor valorados. Para su selección, se tendrá en cuenta el criterio económico (70%), el tamaño de la empresa (10%), si se ubica en municipios de reto demográfico o transición justa (10%) y si la actuación suministrará calor a barrios vulnerables (10%).

Las ayudas serán percibidas por los beneficiarios con carácter definitivo una vez se verifique la ejecución del proyecto y se certifique la inversión. Cabe la posibilidad de solicitar anticipos de hasta el 80% del total.

Objetivos de la convocatoria
Esta convocatoria, incluida en la componente 31 del PRTR, contribuirá a conseguir los objetivos de mejora de la eficiencia energética y la utilización de las energías renovables establecidos en el Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC) 2023- 2030. Su consecución requiere reducir paulatinamente la demanda energética de los edificios e infraestructuras públicas, reducir la dependencia de combustibles fósiles, introducir tecnologías de alta eficiencia energética, así como fomentar las energías de origen renovable y el autoconsumo.

Se trata de la segunda convocatoria de estas características, después de que se concedieran 34 millones para 20 proyectos en una primera edición, en la que Cataluña, Castilla y León y Castilla-La Mancha fueron las comunidades en las que más proyectos se desarrollaron, con la biomasa como principal fuente de energía.

La presentación de solicitudes se realizará a través del sistema telemático correspondiente alojado en el portal de ayudas de la sede electrónica del IDAE entre el 21 de enero de 2026 a las 9.00 horas y el 27 de febrero a las 13.00 horas. 

Castilla y León refuerza su apuesta por la biomasa con la modernización de la central térmica de Cuéllar

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La actuación, cofinanciada con fondos FEDER, incluye nuevas calderas de biomasa, mejoras de eficiencia y autoconsumo fotovoltaico, con finalización prevista en febrero de 2026

El consejero de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio, Juan Carlos Suárez-Quiñones, visitó el pasado día 12 de noviembre las obras de modernización de la central de generación de energía térmica con biomasa de la red de calor de Cuéllar (Segovia), acompañado por el alcalde del municipio, Carlos Fraile, y la delegada territorial de la Junta en Segovia, Raquel Alonso.

Esta actuación se enmarca en la estrategia de la Junta de Castilla y León para impulsar infraestructuras energéticas basadas en energías renovables y biomasa forestal, con el objetivo de promover la sostenibilidad, el ahorro económico, la reducción de emisiones contaminantes y la limpieza de los montes.

Modernización de la central de biomasa
Las obras de modernización contemplan la instalación de dos nuevas calderas de biomasa de 2 y 3 MW de potencia térmica, la implantación de filtros de mangas y multiciclones para la depuración de humos, la sustitución de equipos de bombeo por otros más eficientes, así como la renovación de las instalaciones eléctricas y de protección contra incendios. Además, se ampliará el edificio de la central para albergar los nuevos equipos y se construirá una zona de oficinas y control. La nueva planta incorporará también placas fotovoltaicas para el autoconsumo eléctrico sostenible de la instalación.

El biocombustible utilizado será astilla forestal procedente de trabajos silvícolas en los montes de Castilla y León, con un consumo anual estimado de 2.500 toneladas, lo que supondrá una reducción de emisiones de 1.850 toneladas de CO₂ al año frente a los combustibles fósiles.

La inversión total asciende a 2.568.349 euros, cofinanciada con fondos europeos FEDER 2021-2027. Las obras se encuentran muy avanzadas y está previsto que finalicen en febrero de 2026.

La primera red de calor con biomasa en España
La instalación de calefacción centralizada con biomasa forestal de Cuéllar fue la primera red de calor con biomasa construida en España, puesta en funcionamiento en febrero de 1999.

Actualmente, la red atiende la demanda térmica de cinco instalaciones municipales (pabellón polideportivo, frontón cubierto, centro cultural, piscina climatizada y colegio público Santa Clara), seis comunidades de propietarios que suman 228 viviendas y 24 viviendas unifamiliares.

En 2013, el Ayuntamiento de Cuéllar firmó un convenio con la Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente de Castilla y León (SOMACYL) para implantar mejoras energéticas y gestionar la operación del sistema. Con el fin de renovar completamente la central tras haber alcanzado su vida útil, ambas entidades han suscrito un nuevo convenio que incluye la operación y mantenimiento de la red durante los próximos 15 años.

Expansión de las redes de calor con biomasa en Castilla y León
Desde hace más de una década, la Junta, a través de SOMACYL, ha desarrollado redes de calor con biomasa en diferentes puntos de la Comunidad, con una inversión global de 77 millones de euros. Estas instalaciones proporcionan suministro térmico a 150 edificios públicos y 2.900 viviendas, alcanzando una potencia total cercana a los 100 MW y más de 70 kilómetros de canalizaciones.

SOMACYL prevé invertir 140 millones de euros adicionales en los próximos años para seguir ampliando la red de calor con biomasa en ciudades como Salamanca, Segovia y León, con el objetivo de alcanzar en 2030 los 230 MW de potencia renovable instalada y 180 kilómetros de distribución de agua caliente.

Mapa de Biocombustibles Sólidos 2025: más fábricas activas y estabilidad en la producción

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El último inventario identifica 65 fábricas de pellet activas en España, dos más que en el mapa anterior, elaborado con datos de 2023

Según los datos declarados por los productores a AVEBIOM, la producción real de pellet en 2024 fue de 529.337 toneladas, frente a 681.706 toneladas en 2023, lo que supone una reducción del 22 %.

En 2022, muchos usuarios adelantaron sus compras ante la crisis energética, pero los inviernos suaves que siguieron redujeron el consumo real. Como resultado, el sector arrastró un importante volumen de pellet almacenado durante dos campañas. El mayor consumo registrado este invierno ha contribuido por fin a normalizar los niveles de stock.

La mayoría de las plantas (42 de 65, el 65 %) producen bajo certificación ENplus®, lo que garantiza la calidad y trazabilidad del pellet español. Estas fábricas son, además, las de mayor capacidad productiva, por lo que concentran alrededor del 85 % de la producción nacional, situando a España entre los países europeos con mayor volumen de pellet certificado.

En cuanto a sostenibilidad, una planta de pellet dispone de certificación SURE, un esquema que se aplica principalmente a biocombustibles destinados a redes de calor o proyectos industriales sujetos a los criterios de la Directiva RED III.

El inventario 2025 identifica 64 productores de astilla activos en España, los mismos que en el año anterior. El número de plantas que certifican su sostenibilidad con el esquema SURE se mantiene en 30, lo que confirma la confianza de los principales operadores del sector en España en este sello, especialmente los que suministran a redes de calor públicas e instalaciones industriales que deben acreditar el origen sostenible de la biomasa conforme a la Directiva Europea RED III y para cumplir con los requisitos de la Directiva ETS sobre reducción de emisiones verificables

Según las capacidades declaradas por los fabricantes, el potencial de producción nacional de astilla se sitúa alrededor del millón y medio de toneladas al año. Las plantas medianas y grandes se reparten principalmente por Castilla y León, Cataluña, Andalucía y el norte de la península.
El sector trabaja actualmente en torno al 60-70 % de esa capacidad, lo que garantiza disponibilidad de suministro para afrontar nuevos proyectos térmicos en expansión.

El crecimiento de la demanda en redes de calor y aplicaciones industriales, junto con la estabilidad de precios observada en 2024 y 2025, consolida a la astilla de madera como el biocombustible sólido más eficiente y sostenible para grandes instalaciones térmicas, y un pilar fundamental de la bioenergía española.

Hueso de aceituna: estabilidad y bioeconomía circular
l inventario 2025 mantiene 30 productores de hueso de aceituna activos en España, principalmente en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura, donde la industria oleícola genera un flujo constante de subproductos valorizables.
El número de plantas con certificación BIOmasud® se mantiene en siete, mientras que cinco cuentan además con el sello SURE, que acredita la sostenibilidad del biocombustible conforme a la Directiva Europea RED III.

El sector del hueso está estrechamente ligado a la actividad agrícola y agroindustrial, lo que le confiere un fuerte componente local y circular. Cada campaña, numerosas almazaras y cooperativas valorizan el hueso generado en el proceso de molturación, destinándolo a usos térmicos tanto propios como en entornos próximos.

Con su alto poder energético, su baja huella ambiental y su plena integración en la cadena agroindustrial, el hueso de aceituna mantiene un papel esencial dentro del mix de biocombustibles sólidos españoles, aportando sostenibilidad y autonomía energética local en los territorios rurales.

Luz verde a la planta de biomasa en León para impulsar una red de calor sostenible

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Foto: Veolia

En la primera se instalarán dos calderas con una potencia conjunta de 44 MW térmicos, y en la segunda se duplicará la capacidad hasta alcanzar los 88 MW

La Junta de Castilla y León ha concedido la autorización ambiental a la Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente (Somacyl) para la instalación de una planta de generación de energía térmica con biomasa en el municipio de León, dentro del complejo de energías renovables que alimentará la red de calor sostenible de la ciudad.

La resolución, publicada en el Boletín Oficial de Castilla y León, culmina un proceso administrativo iniciado en septiembre de 2024, que ha incluido trámites de información pública, evaluación de impacto ambiental y respuesta a alegaciones ciudadanas.

La planta, ubicada en el polígono 9, parcela 830, contará con una superficie construida de más de 10.000 metros cuadrados y se abastecerá de astilla forestal de roble, chopo, pino y encina.

La planta de biomasa
El proyecto se desarrollará en dos fases. En la primera se instalarán dos calderas con una potencia conjunta de 44 MW térmicos, y en la segunda se duplicará la capacidad hasta alcanzar los 88 MW.

La planta funcionará con cuatro calderas en invierno y una en verano, con una producción estimada de 352.000 MWh/año en forma de agua caliente, que se distribuirá por la red de ‘district heating’ a viviendas y edificios públicos.

La autorización ambiental establece estrictas condiciones para controlar las emisiones atmosféricas, el ruido, la gestión de residuos y la protección del suelo y las aguas subterráneas. Entre las medidas previstas figuran la instalación de filtros de mangas, ciclones y sistemas de reducción selectiva no catalítica para minimizar la emisión de partículas, óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre y otros contaminantes.

Además, se exigirá un sistema de gestión ambiental auditado cada tres años, campañas de medición de benzopirenos en el entorno y controles periódicos de calidad del aire desde la estación ‘León 4’, situada a menos de un kilómetro de la planta. La instalación deberá presentar informes anuales sobre sus emisiones, residuos y mantenimiento, y mantener registros accesibles para inspecciones.

Durante la fase de información pública, el proyecto recibió 296 alegaciones, muchas de ellas de vecinos del barrio de Puente Castro y de colectivos ecologistas como Ecologistas en Acción, Izquierda Unida de León o la Asociación Luna Verde. Los alegantes expresaron preocupación por el ruido, los olores, el tráfico de camiones y el impacto sobre el abastecimiento de agua.

La Junta ha respondido que la planta sustituirá miles de calderas individuales menos eficientes y más contaminantes, y que el circuito de agua caliente será cerrado, con un consumo limitado. También ha asegurado que el tráfico de camiones será reducido (unos 16 diarios) y que se han previsto medidas para minimizar las emisiones difusas y el ruido.

Somacyl dispondrá de un plazo de cinco años para poner en marcha la actividad, previa presentación de una declaración responsable. La autorización incluye también disposiciones para el cese temporal o definitivo de la actividad, así como para la revisión periódica de las condiciones ambientales conforme a las mejores técnicas disponibles.

Gestión forestal y bioenergía: los mejores aliados frente al fuego en España

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Texto:
Javier Díaz
Presidente de la Asociación Española de la Biomasa (AVEBIOM)

El verano de 2025 nos deja un balance demoledor: según el sistema satelital Copernicus, en España han ardido más de 403.000 hectáreas y, en toda Europa, más de un millón de hectáreas. La magnitud de las cifras impresiona y, sin embargo, corremos el riesgo de hacer lo de siempre: ahora que las llamas por fin se han apagado y el fresco del otoño asoma, empezaremos a olvidarnos… hasta el próximo verano. Pero los incendios no desaparecen con las noticias; la biomasa sigue acumulándose en los montes y el riesgo volverá a ser incluso mayor si no actuamos.

Como cada temporada, se han multiplicado tertulias, artículos y opiniones sobre los incendios forestales, responsabilidades y soluciones. En este tema ocurre algo parecido a lo que pasa con la selección de fútbol: todos creemos saber quién debe jugar, quién falla y qué soluciones aplicar. Afortunadamente, en esta ocasión, muchos medios han dado voz a profesionales forestales de gran prestigio y sus diagnósticos son coincidentes y claros: el cambio climático agrava la situación, pero el problema de fondo está en la acumulación de combustible en nuestros montes, fruto de décadas de abandono rural y falta de gestión activa.

Ingenieros de montes y forestales como Marc Castellnou, Arantza Pérez Oleaga, Víctor Resco de Dios o Ana Belén Noriega llevan tiempo advirtiéndolo: hay incendios de tal intensidad que resultan imposibles de apagar hasta que cambian las condiciones meteorológicas o el fuego alcanza zonas más manejables. Y frente a esa realidad, no bastan más medios aéreos o brigadas; la única vía es gestionar el paisaje, reduciendo la biomasa disponible y diversificando los usos del territorio.

En España solo se aprovecha menos del 40% del crecimiento anual de madera, lo que ha hecho que el stock de madera en pie se haya duplicado en pocas décadas. Dicho de otra manera: cada año se acumulan millones de toneladas de biomasa que no se aprovechan y que, antes o después, acaban ardiendo. Sin embargo, nuestro país cuenta con industrias capaces de absorber el doble de lo que hoy se moviliza, de manera sostenible, generando empleo local y energía renovable.

La bioenergía es una pieza clave en esta ecuación. Dar un uso energético a restos de podas, claras o cortas supone dos cosas a la vez: facilitar las labores de gestión forestal -porque alguien paga por recoger y transportar esa biomasa- y generar energía renovable que sustituye a gas y gasóleo importados. Es decir, reducimos el riesgo de incendios al tiempo que ganamos soberanía energética y generamos empleo local. Países como Portugal ya lo están aplicando, instalando calderas de biomasa en municipios de alto riesgo de incendio para aprovechar los excedentes forestales y, de paso, calentar edificios públicos con energía limpia.

Por eso, desde la Asociación Española de la Bioenergía (AVEBIOM) hemos propuesto medidas muy concretas: construir de aquí a 2030 al menos 200 nuevas redes de calor y frío con biomasa forestal (2.800 MW), lo que permitiría movilizar 1,2 millones de toneladas de biomasa al año; sustituir 500.000 equipos de calefacción obsoletos por dispositivos modernos de biomasa, con un consumo estimado de 530.000 toneladas adicionales; y levantar 150 MW eléctricos en centrales de 10-25 MW en áreas forestales críticas, capaces de absorber biomasa allí donde más falta hace reducir su densidad.

Se trata de una inversión con retorno múltiple: menos combustible esperando arder en los montes, más actividad económica en la “España vaciada” y menos dependencia energética del exterior. Y como recuerdan los propios profesionales forestales, esto no es ninguna novedad: llevamos décadas señalando la necesidad de gestionar más y mejor. La diferencia es que ahora la urgencia es máxima.

El Foro de Bosques y Cambio Climático calcula que, incluso sin llegar todavía a la media europea de aprovechamiento (67%), España podría movilizar ya en 2030 cinco millones de toneladas de biomasa adicionales cada año, y en 2050 hasta 10 millones

No se trata de inventar nada nuevo, sino de hacer realidad lo que llevamos décadas reclamando los técnicos forestales y los profesionales de la bioenergía. Gestionar los montes, dar salida a los aprovechamientos, recuperar la ganadería extensiva y vincular todo ello a proyectos energéticos y sociales que devuelvan vida al medio rural.

Por lo tanto, señores políticos, hagan caso a quienes conocen el terreno. Escuchen a los técnicos y profesionales forestales, y articulen de una vez políticas y fondos que permitan prevenir de verdad. Porque seguir confiando solo en la extinción es pan para hoy y fuego para mañana.

Los ingenieros industriales de Valladolid y León apuestan por impulsar las redes de calor para avanzar en la descarbonización

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Los colegios de ingenieros industriales de Valladolid y León han reunido a más de 30 profesionales en una jornada técnica, organizada con la colaboración de Somacyl, para conocer el funcionamiento la central de calor de Valladolid Oeste y la subestación del Centro Cultural Miguel Delibes.

Los ingenieros industriales abogan por impulsar nuevas redes de calor sostenibles con biomasa como fuente energética para dar servicio de calefacción, agua y refrigeración al mayor número de municipios de Castilla y León, con el objetivo de “favorecer el cambio de modelo y contribuir al proceso de descarbonización que señala la Unión Europea”, según ha explicado Carlos Blanco, ingeniero industrial miembro del Colegio de Valladolid y responsable de Obras y Proyectos del Departamento de Eficiencia y Energías Renovables de la  Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente de Castilla y León (Somacyl).

“Los ingenieros tenemos mucho que decir y aportar en este proceso a través de nuevos proyectos, que suponen una oportunidad de trabajo y generan una importante reducción de costes, disminuyen las emisiones de CO2 y del consumo eléctrico”, precisó Blanco.

Los colegiados han visitado la central de calor de Valladolid Oeste, donde han podido conocer de cerca su funcionamiento de la mano de Carlos Blanco y del CEO de Cofrica, José Ignacio Cambero, ingeniero industrial del Colegio de León. Posteriormente se han acercado a la subestación de intercambio térmico del Centro Cultural Miguel Delibes.

Por su parte, José Ignacio Cambero ha señalado que la implantación de redes de calor supone una “revolución importante y necesaria” en el sistema de generación de energía térmica utilizando biomasa como combustible tanto para uso residencial como industrial, por todos los beneficios que comporta.

“Es el único sistema de descarbonización que funciona a cualquier temperatura, junto con el biometano”, agregó Cambero, al tiempo que destacó su “papel fundamental en la economía circular y local, como elemento dinamizador de empresas relacionadas con el sector, como las que se dedican a la mejora y aprovechamiento de nuestra masa forestal”.

Somacyl tiene actualmente en funcionamiento 17 redes de calor con biomasa (astilla forestal) en Castilla y León, que han supuesto una inversión de 47 millones de euros. En conjunto cuentan con 45 km de tuberías de transporte de energía térmica y ofrecen 69.000 kW de potencia renovable instalada.

Estas redes suministran anualmente 144.000.000 kWh a los edificios conectados: 118 edificios públicos, 3.000 viviendas y nueve industrias.

Entre los proyectos que están en funcionamiento en estos momentos cabe destacar la red de calor Universidad de Valladolid, la del Polígono Villalonquéjar de Burgos, Huerta del Rey de Valladolid y la de Ponferrada.

En los próximos años, Somacyl tiene previsto llevar a cabo 12 nuevos proyectos, que se encuentran en distintas fases de desarrollo y que supondrán una inversión adicional de 174 millones de euros.

Entre las redes actuales y las nuevas, el objetivo es alcanzar en 2030 una potencia renovable instalada de 239.000 kW, una longitud de tuberías de transporte de energía térmica de 180 km y un suministro anual de energía de 495.000.000 kWh para 350 edificios públicos, 32.000 viviendas y nueve industrias.

La ejecución de estos proyectos generará alrededor de 500 puestos de trabajo durante las obras de construcción; y una vez concluidos se necesitarán 60 empleados dedicados al mantenimiento y cien más en tareas de obtención y logística de la biomasa.

Entre los nuevos proyectos se encuentran la red de calor de León (55,7 millones de euros), la de Salamanca (35), Valladolid Oeste (35) y Segovia (22,5).

Además, está prevista la construcción de la red de Villablino (León), Bembibre (León), Aguilar de Campoo (Palencia) y Ciudad Rodrigo (Salamanca), la modernización de la central de la red de calor de Cuéllar (Segovia) y la de Las Navas del Marqués (Ávila), así como las ampliaciones de Ponferrada y Huerta del Rey (Valladolid).

La apuesta por redes de calor se redobla con su implantación en León, Villablino y Bembibre, mientras se amplía en Ponferrada

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La Junta prevé 12 nuevos proyectos de redes de calor los próximos años con inversiones por 174 millones

La Sociedad Pública de Infraestructuras y Medio Ambiente (Somacyl) tiene previsto llevar a cabo en los próximos años, 12 nuevos proyectos de redes de calor con biomasa, que se encuentran en distintas fases de desarrollo y que supondrán una inversión adicional de 174 millones de euros. 

La ejecución de estos proyectos generará alrededor de 500 puestos de trabajo durante las obras de construcción; y una vez concluidos se necesitarán 60 empleados dedicados al mantenimiento y cien más en tareas de obtención y logística de la biomasa, informaron los colegios de ingenieros industriales de Valladolid y León en un comunicado, que apostaron por impulsar nuevas redes de calor que contribuyan a conseguir el objetivo de descarbonización fijado por la UE.

León como apuesta
Entre los nuevos proyectos se encuentran la red de calor de León (55,7 millones de euros), la de Salamanca (35), Valladolid Oeste (35) y Segovia (22,5). Además, está prevista la construcción de la red de Villablino (León), Bembibre (León), Aguilar de Campoo (Palencia) y Ciudad Rodrigo (Salamanca), la modernización de la central de la red de calor de Cuéllar (Segovia) y la de Las Navas del Marqués (Ávila), así como las ampliaciones de Ponferrada y Huerta del Rey (Valladolid).

Estas actuaciones están cofinanciadas con fondos europeos Feder 21-27 y Fondo de Transición Justa.

Entre las redes actuales y las nuevas, el objetivo es alcanzar en 2030 una potencia renovable instalada de 239.000 kW, una longitud de tuberías de transporte de energía térmica de 180 kilómetros y un suministro anual de energía de 495.000.000 kWh para 350 edificios públicos, 32.000 viviendas y nueve industrias.

17 redes actuales
Somacyl tiene actualmente en funcionamiento 17 redes de calor con biomasa (astilla forestal) en Castilla y León, que han supuesto una inversión de 47 millones de euros. En conjunto cuentan con 45 kilómetros de tuberías de transporte de energía térmica y ofrecen 69.000 kW de potencia renovable instalada.

Estas redes suministran anualmente 144.000.000 kWh a los edificios conectados: 118 edificios públicos, 3.000 viviendas y nueve industrias. Entre los proyectos que están en funcionamiento en estos momentos cabe destacar la red de calor Universidad de Valladolid, la del Polígono Villalonquéjar de Burgos, Huerta del Rey de Valladolid y la de Ponferrada.